Entre el cuello de
Minerva y el corral de los cerdos.
Alejandro
Ramírez
Esta
semana tuve la oportunidad de platicar con un grupo de compañeros, acerca
de la importancia de la investigación en
la enseñanza. Tratando deconstruir un
discurso coherente aproveché la suerte de tener en mis manos el texto de la
“introducción a la investigación de la enseñanza: Un referente para la
investigación-acción”.
Comencé
a hilvanar las primeras ideas.Sin embargo, al hojear con más calma el documento
comencé a dudar. Reparé en que nunca ha sido fácil desarrollar conocimiento,
escribir referencias, exponer ensayos.Principalmente si nos referimos a la
producción del docente en el aula. De la reflexión sobre su experiencia. Sus
hallazgos. Su aporte científico.
Quizás
la miseria mayor de la reflexión, se refiere al desafío de adherir la
investigación a la construcción social de conocimiento. A implicar e implicarse
como individuos, grupos y comunidad y asumir la responsabilidad de ser garantes
de cualquier investigación que se haga. Sobre los problemas que sean. Sobre las
prácticas ejercidas. O sobre las prácticas que se proponen.
El
movimiento al que Stenhouse denomina “el profesor como investigador”, pondría en el brasero el aburguesamiento y la
institucionalización en la que ha caído el ejercicio docente, le sacaría de una
suerte de comodidad legitimada por un par de francotiradores y uno que otro
profeta del infortunio, que dan suficiente argumento a una masa llamada a no
hacer; ni dejar hacer. A no involucrarse. A negarse a ser parte de una
reflexión acerca de la realidad. A no lograr jamás su autonomía.
¿Qué
ofrece la propuesta de investigación-acción a la vista?
Una
oportunidad. Un llamado a colocarse al filo de la navaja. A un lado, la
posibilidad para que las perlas adornen el cuello de Minerva, la hermosa diosa
del saber. Al otro, como dice el evangelio, a ser pisoteadas por los cerdos.
¿Quiénes habrán de determinar hacia qué lado irán las perlas? Los docentes.
Únicos referentes del resultado que sea.
Quienes
enseñan pueden aceptar que investigar es una opción para criticar y transformar
la realidad. Que expresa el compromiso con ideales de libertad y justicia. Si se
es consecuente. O lo contrario, si no se es.¿Cuál es la
postura ética más significativa en tal contexto? Pues hay que determinar un
camino viable para responder a esa pregunta, que permita encontrar además un
sentido a la profesión docente.
Para
la reflexión que permita o provoque una discusión académica que rompa con el
estrecho marco referencial del que solo lamento y llanto propone para entender
la realidad. Propongo a consideración seis ideas sacadas directamente del
texto, que seguramente servirán a muchos docentes que son las perlas de las que
ya he hablado.
En primer lugar plantear que la
investigación de la docencia tendrá sentido y podrá producir y desarrollar
conocimientos, en la medida que docentes y estudiantes, de la escuela que sea, sean
capaces de adquirir la disciplina que les permita enraizarse en el ejercicio consciente
y reflexivo de la práctica educativa. Ambos.
Una segunda idea va orientada en la
consideración que, una reflexión deliberada tendrá como horizonte convertir el
proceso didáctico en una actividad continuada, en la que investigar sea tanto
un hábito, como una costumbre inherente a la profesión docente.
Tercero. La investigación de los
acontecimientos y problemas del ejercicio educativo en el aula, se resuelven
con enfoques que produzcan aprendizajes reflexivos y educativos al interior del
proceso didáctico.
Cuarto. En ese sentido, la
comprensión del proceso didáctico se encuentra en las perspectivas del
desarrollo de los paradigmas que sirven para producir conocimientos, y no como
fuente de frustración y cinismo.
Quinto. Tales paradigmas:
Hermenéutico-cualitativos, analíticos, empíricos y social-críticos implican
técnicas y métodos que permiten el desarrollo del proceso didáctico. Su
ejercicio debe ser un acto intencional y no un rito forzado, amargado por las órdenes
superiores.
Y sexto. No reducirse a asumir un
solo paradigma para explicar y fundamentar el ejercicio didáctico.
La propuesta de investigar lo que
sucede en el aula es una manera de intervenir en el mundo y cambiarlo desde
dentro, es comprender que el currículo esta cargado de ideología y de
concepciones que explican el mundo de una manera particular. Que esas personas
específicas que son los docentes, son el vehículo de tales concepciones e
ideas. Que estas ideas no son fuerzas sobrenaturales que determinan
trágicamente el destino de nosotros los mortales humanos, sino que deben
permitir construir los consensos que permitan fundamentar las decisiones que se
toman cuando se ejerce una acción educativa. Que los jóvenes a los que llamamos
“alumnos” y que son un producto de las decisiones tomadas en el aula, saldrán a
la calle con un arma en la mano. Que eso es una gran responsabilidad moral que
debe pasar por el fuego del dialogo, la reflexión y el contraste permanente,
como se plantea acertadamente en el texto.
