lunes, 19 de noviembre de 2012


Entre el cuello de Minerva y el corral de los cerdos.

Alejandro Ramírez

Esta semana tuve la oportunidad de platicar con un grupo de compañeros, acerca de  la importancia de la investigación en la enseñanza.  Tratando deconstruir un discurso coherente aproveché la suerte de tener en mis manos el texto de la “introducción a la investigación de la enseñanza: Un referente para la investigación-acción”.

Comencé a hilvanar las primeras ideas.Sin embargo, al hojear con más calma el documento comencé a dudar. Reparé en que nunca ha sido fácil desarrollar conocimiento, escribir referencias, exponer ensayos.Principalmente si nos referimos a la producción del docente en el aula. De la reflexión sobre su experiencia. Sus hallazgos. Su aporte científico.

Quizás la miseria mayor de la reflexión, se refiere al desafío de adherir la investigación a la construcción social de conocimiento. A implicar e implicarse como individuos, grupos y comunidad y asumir la responsabilidad de ser garantes de cualquier investigación que se haga. Sobre los problemas que sean. Sobre las prácticas ejercidas. O sobre las prácticas que se proponen.

El movimiento al que Stenhouse denomina “el profesor como investigador”,  pondría en el brasero el aburguesamiento y la institucionalización en la que ha caído el ejercicio docente, le sacaría de una suerte de comodidad legitimada por un par de francotiradores y uno que otro profeta del infortunio, que dan suficiente argumento a una masa llamada a no hacer; ni dejar hacer. A no involucrarse. A negarse a ser parte de una reflexión acerca de la realidad. A no lograr jamás su autonomía.

¿Qué ofrece la propuesta de investigación-acción a la vista?

Una oportunidad. Un llamado a colocarse al filo de la navaja. A un lado, la posibilidad para que las perlas adornen el cuello de Minerva, la hermosa diosa del saber. Al otro, como dice el evangelio, a ser pisoteadas por los cerdos. ¿Quiénes habrán de determinar hacia qué lado irán las perlas? Los docentes. Únicos referentes del resultado que sea.

Quienes enseñan pueden aceptar que investigar es una opción para criticar y transformar la realidad. Que expresa el compromiso con ideales de libertad y justicia. Si se es consecuente. O lo contrario, si no se es.¿Cuál es la postura ética más significativa en tal contexto? Pues hay que determinar un camino viable para responder a esa pregunta, que permita encontrar además un sentido a la profesión docente.

Para la reflexión que permita o provoque una discusión académica que rompa con el estrecho marco referencial del que solo lamento y llanto propone para entender la realidad. Propongo a consideración seis ideas sacadas directamente del texto, que seguramente servirán a muchos docentes que son las perlas de las que ya he hablado. 
En primer lugar plantear que la investigación de la docencia tendrá sentido y podrá producir y desarrollar conocimientos, en la medida que docentes y estudiantes, de la escuela que sea, sean capaces de adquirir la disciplina que les permita enraizarse en el ejercicio consciente y reflexivo de la práctica educativa. Ambos.
Una segunda idea va orientada en la consideración que, una reflexión deliberada tendrá como horizonte convertir el proceso didáctico en una actividad continuada, en la que investigar sea tanto un hábito, como una costumbre inherente a la profesión docente.
Tercero. La investigación de los acontecimientos y problemas del ejercicio educativo en el aula, se resuelven con enfoques que produzcan aprendizajes reflexivos y educativos al interior del proceso didáctico.
Cuarto. En ese sentido, la comprensión del proceso didáctico se encuentra en las perspectivas del desarrollo de los paradigmas que sirven para producir conocimientos, y no como fuente de frustración y cinismo.
Quinto. Tales paradigmas: Hermenéutico-cualitativos, analíticos, empíricos y social-críticos implican técnicas y métodos que permiten el desarrollo del proceso didáctico. Su ejercicio debe ser un acto intencional y no un rito forzado, amargado por las órdenes superiores.
Y sexto. No reducirse a asumir un solo paradigma para explicar y fundamentar el ejercicio didáctico.
La propuesta de investigar lo que sucede en el aula es una manera de intervenir en el mundo y cambiarlo desde dentro, es comprender que el currículo esta cargado de ideología y de concepciones que explican el mundo de una manera particular. Que esas personas específicas que son los docentes, son el vehículo de tales concepciones e ideas. Que estas ideas no son fuerzas sobrenaturales que determinan trágicamente el destino de nosotros los mortales humanos, sino que deben permitir construir los consensos que permitan fundamentar las decisiones que se toman cuando se ejerce una acción educativa. Que los jóvenes a los que llamamos “alumnos” y que son un producto de las decisiones tomadas en el aula, saldrán a la calle con un arma en la mano. Que eso es una gran responsabilidad moral que debe pasar por el fuego del dialogo, la reflexión y el contraste permanente, como se plantea acertadamente en el texto.

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